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“Todo lo que queremos es poder comer y que todo sea como antes”

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Génesis Herrera @genherr15

S e acerca el mediodía y el sol calienta las calles de Ocumare del Tuy, en el estado Miranda. Las personas, acostumbradas al calor, caminan por las aceras con naturalidad y soltura.

En medio de una de las calles principales del pueblo, se encuentra la casa de Teresa de Jesús Calvillo, de 74 años de edad.

La entrada es angosta y oscura, pero una vez dentro, las paredes son altas y varios artefactos de hierro que llenan el lugar se iluminan con los rayos del sol que se cuelan por algunas vigas del techo.

En la casa de Calvillo viven siete personas. Toda la familia depende de préstamos y de los ingresos de algunos de sus hijos, quienes carecen de empleos fijos y “resuelven con algunos trabajitos que van saliendo”.

 

Yazmil Morado, de 54 años de edad, es una de las hijas mayores de Teresa de Jesús. Rodeada de una mesa llena de pinceles, pinturas, pega, cartón, papel periódico y plástico, Morado enseña con orgullo sus creaciones artísticas, que consisten en floreros, adornos y diversos elementos decorativos que tiene a la venta.

La hija de Calvillo había aprendido a elaborar todas estas piezas en un taller de manualidades organizado por la Gobernación de Miranda, bajo el mandato de Henrique Capriles Radonski.

Las creaciones artísticas, llenas de brillo, color y mucha creatividad, contrastan con el fondo oscuro, sucio y descuidado que define todo el resto de la casa.

Las sillas, que están regadas en lo que parece una suerte de recibidor, se encuentran todas desgastadas y rotas. El suelo, lleno de basura y desperdicios, termina de enmarcar el hogar de esa familia.

La historia de este grupo familiar está marcada por circunstancias difíciles y dolorosas que se combinan con la crisis alimentaria, económica y social que mantiene a Venezuela al borde del colapso.

Morado se tuvo que enfrentar a una de las pruebas más complejas que la vida le ha había colocado: perder a su hija.

 

Cuando tenía 4 años, la hija mayor de Yazmil Morado sufrió una caída que le dejó una lesión en la cabeza. A pesar de que los exámenes que le realizaron no arrojaron ningún resultado negativo producto del golpe, a partir de los 8 años empezó a convulsionar constantemente y presentaba problemas para caminar y desenvolverse como una niña normal. A su madre se le dificultaba comprar las medicinas que le recetaban para controlar los espasmos, pues los precios eran muy elevados y generalmente no los conseguía.

La pequeña estuvo hospitalizada por mucho tiempo, hasta los 21 años, cuando falleció.

Yazmil, conmovida por el recuerdo de su hija, sosteniendo una fotografía de ella y sumergida en un mar de lágrimas, con voz baja y entrecortada, dice que ella sabía que su pequeña estaba sufriendo. “Caminaba agarrándose de las paredes, con ayuda de alguien. Le teníamos que dar la manito”, recuerda su madre.

La pequeña tenía la pierna muy torcida. Su hija empezó a empeorar poco a poco, así que tuvieron que colocarle una manguera por la nariz para que pudiera respirar e ingerir alimentos apropiadamente.

“Lo único que tenía para darle eran sopitas de verdura con mucha agua”, explica Morado con tristeza.

  • Su madre detalla que la enfermedad de su hija no se podía prevenir. Los doctores no le dijeron con claridad cuál era el diagnóstico exacto de su hija, pero iban tratando sus penurias y complejidades a medida que iban apareciendo.
La pequeña solía ayudar a Morado con las manualidades. “Ella sostenía los techitos de cartón mientras yo colocaba las otras piezas de las casitas”, declara su madre.

Perder a su hija fue una de las pruebas más duras que la vida le colocó. No la pudo alimentar bien y ahora su familia seguía sin poder comer. A veces ingerían verduras, o lo que tuvieran.

El sueño de esta familia es volver a tener su local, poseer lo que antes tenían.

Uno de los sobrinos de Yazmil Morado es quien más se mantiene pendiente de la familia, pues los ayuda con la compra de alimentos de vez en cuando. También se apoyan en el dinero que le depositan a Morado a través del programa del Estado Hogares de la Patria. “Es poquito pero para alguito alcanza”, señala.

“Hoy vamos a comer plátano, es lo único que tenemos”, dice Morado mientras enseña la olla con unos pocos plátanos que deben compartir todos los miembros de la familia. La delgadez se nota en sus cuerpos y en sus rostros, que denotan la desesperanza y la resignación.

“Todo lo que queremos es poder comer y que todo sea como antes”, exclama la señora Teresa de Jesús con tristeza en su voz y en sus ojos. “Es todo lo que pedimos”, sentenció.