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Perder un órgano trasplantado por la falta de medicinas

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Ricardo Zapata @rzapata96

En las afueras de la emergencia del hospital Miguel Pérez Carreño, ubicado en Caracas, las personas esperan con agotamiento y preocupación para ser atendidas. El sol es inclemente y los ciudadanos cargan, casi de manera obligatoria, envases de llenos de agua para saciar la sed que le producen las altas temperaturas del lugar.

Muchos quieren pasar, pero deben evadir dos controles en la entrada: los vigilantes del hospital y los funcionarios de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) que revisan los enormes bolsos de los visitantes para verificar que no lleven armas o sustancias peligrosas.

Dentro del recinto la situación era mucho más tensa porque no había luz y el hospital funcionaba, a duras penas, con las plantas eléctricas de emergencia. Las enfermeras corrían de un lado a otro con bolsas anaranjadas que contenían sangre y restos de desechos humanos, bolsas de suero, papeles con órdenes de alta y récipes médicos para entregar a los pacientes.

En el área de nefrología varios pacientes esperaban para realizarse el proceso de diálisis. Entre ellos estaba Yuleidy Varela, una joven de 23 años de edad que se había realizado un trasplante de riñón cuando tenía 13 años.

Pero su órgano dejó de funcionar por no tomarse los medicamentos necesarios. Un día Yuleidy se despertó con mareos y empezó a sentirse mal. Cuando llegó al Pérez Carreño para revisar qué le ocurría, los médicos la hospitalizaron inmediatamente porque su cuerpo estaba rechazando el riñón que había obtenido gracias a un trasplante de cadáver.

“Duré dos meses sin tomarme los medicamentos que necesito porque no los conseguía y donde había costaban 200.000 bolívares. Empecé a sentirme mal y me dejaron hospitalizada porque mis exámenes revelaron que mis niveles de orina estaban muy altos”, decía Yuleidy mientras revisaba cuidadosamente las patillas (inmunosupresores y antibióticos) que debía tomarse.

 

Para ella no ha sido fácil lidiar con el trasplante de riñón porque su papá trabaja como mototaxista y le toca mantener al resto de la familia. A veces le toca decidir entre comprar la leche para su hijo o buscar los medicamentos que necesita de por vida. “A veces recibo una caja de una fundación y con eso alimento a mi hijo, pero a veces nos toca comer puro arroz”, explicó.

Un problema que pone en riesgo la vida de 3.500 personas

El presidente de la Coalición de Organizaciones por el Derecho a la Salud y la Vida (Codevida), Francisco Valencia, indicó que en el Instituto Venezolano del Seguro Social (IVSS) existe una escasez absoluta de los medicamentos que necesitan las personas trasplantadas.

“Las personas que tienen un órgano que no es suyo viven rechazándolo por los anticuerpos que genera el organismo humano. Ellos toman unos medicamentos llamados inmunosupresores y en el país hay una ausencia absoluta de ellos”, comentó en una entrevista para El Nacional Web.

De acuerdo con cifras de Codevida, aproximadamente en el país hay 15.000 personas con problemas de insuficiencia renal y 3.500 ya cuentan con un trasplante de riñón. Es decir, estas personas se encuentran en peligro de perder el órgano por la ausencia de los inmunosupresores que necesitan.

La organización también indicó que el IVSS no ha dado una respuesta clara sobre el problema, a pesar de que el general Carlos Rotondaro, director del ente estatal, está consciente de la situación de las personas trasplantadas.

Valencia también indicó que los pacientes con trasplante renal que comienzan a rechazar el órgano necesitan trasladarse inmediatamente a un lugar donde le realicen una diálisis, pues si no la persona se intoxica con las toxinas que produce el cuerpo, puede morir.

“El problema que tenemos ahorita es que las unidades de diálisis están colapsadas y no hay cómo atender a todos los pacientes que están rechazando el órgano, lo cual es grave porque se condena a una persona a la muerte por la negligencia del gobierno en materia de salud”, agregó el especialista.

Otro de los problemas que puede afectar a las personas con trasplante de riñón es la gravedad del rechazo.

El presidente de la Sociedad Venezolana de Nefrología (SVN), Carlos Márquez, señaló que los pacientes afectados no solamente deben lidiar con la ausencia de los inmunosupresores, sino también con aquellos medicamentos que permiten que el riñón vuelva a cumplir su función luego del rechazo.

“El problema es mucho más complejo de lo que creemos porque si se logra que el riñón arranque de nuevo, pero no se consiguen los medicamentos para que se mantenga en funcionamiento los primeros días, el paciente puede decaer. Es un círculo vicioso muy peligroso para cualquier persona”, dijo en una entrevista para El Nacional Web.

Ambos expertos de la salud coinciden en que es necesario que las instituciones de la salud adscritas al gobierno tomen cartas en el asunto para evitar más rechazos en los pacientes. La situación puede complicarse mucho más y no hay suficiente material en los hospitales y centro públicos para atender a los próximos afectados.

Desde enero no se hacen trasplantes de riñón en el país

El presidente de Codevida, Francisco Valencia, indicó que desde enero de 2017 el seguro social paralizó las listas de espera para trasplantes de órganos, en especial para los pacientes renales que son los que encabezan las solicitudes.

“No solo estamos condenando a nuestros pacientes que ya están trasplantados al no darles los medicamentos que necesitan, sino también a los que esperan por un riñón nuevo y que no pueden obtenerlo porque el servicio está paralizado”, sostuvo.

El presidente de Codevida, Francisco Valencia, indicó que desde enero de 2017 el seguro social paralizó las listas de espera para trasplantes de órganos, en especial para los pacientes renales que son los que encabezan las solicitudes.

“Cerca de 5.000 pacientes, de los 15.000 con insuficiencia renal, se encuentran en lista de espera para recibir un riñón en el país, según Codevida. No todos pueden ser trasplantados por problemas con el colesterol, peso, estilo de vida y dificultad de la insuficiencia renal.

Sin embargo, la cifra no se actualiza desde enero de 2017, cuando se suspendieron las evaluaciones que determinan si un paciente puede recibir trasplante o no.

Tampoco es sencillo para quienes logran conseguir el órgano, pues costear la cirugía oscila entre los 30 y 150 millones de bolívares.

Carlos Márquez, presidente de la SVN, indicó que los pacientes trasplantados no pueden pasar primero por el problema de esperar por el órgano y después lidiar con

la falta de inmunosupresores para mantenerlo.

Tanto Márquez como Valencia pidieron al gobierno que intervenga rápidamente por todos los pacientes afectados. Coinciden en que se debe abrir un canal para que los medicamentos vengan de afuera y se pueda ayudar a los afectados a cumplir con sus tratamientos diarios y así evitar mayores pérdidas de órganos, e incluso vidas, por las consecuencias del rechazo.

Dos muertes por rechazo agudo del órgano

Ya se registraron en el país los primeros dos decesos de pacientes trasplantados de riñón que no consiguieron los medicamentos. Sus cuerpos no soportaron el rechazo del órgano.

El primer caso corresponde a Belkis Solórzano de 50 años, quien perdió la vida luego de no tomarse el tratamiento indicado porque no lo conseguía en ninguna farmacia del país.

A Solórzano se le suma Yamilexi Reyes, de 46 años, quien también perdió el órgano por no conseguir los inmunosupresores que necesitaba. Duró 15 días en proceso de diálisis y luego murió.

Valencia indicó que los decesos por pacientes que rechazan el riñón pueden aumentar paulatinamente si el IVSS no entrega los inmunosupresores y demás medicamentos que necesitan los trasplantados para que el órgano pueda funcionar correctamente.