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Malaria: una desgracia sin control ni medicamentos

Ruleteo de pacientes, la vida al filo de la muerte
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Los látigos del hambre en Venezuela
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Winnifer Mijares | @DobleWM10

Un brote de malaria se propaga sin control en Venezuela. Una avalancha sin escondite para las comunidades con más infectados. Miles de personas acuden diariamente a centros de salud para someterse a un tratamiento o confirmar la sospecha de que deben ser medicados ante la epidemia.

La malaria ha aumentado con el auge de la minería ilegal en Bolívar, donde hasta el 21 de octubre se registraron 206.240 casos. Amazonas, Delta Amacuro, Monagas, Apure, Guárico, Anzoátegui, Barinas y Miranda son otras entidades en las que la amenaza está latente.

El caraqueño César Guzmán, de 20 años, es una de las víctimas de la malaria. Se contagió de malaria falciparum, uno de los tres tipos que da en Venezuela, en una de las minas de Bolívar, cuando trabajaba por la “fiebre del oro” para cubrir las necesidades de su esposa y dos hijos ante la crisis económica. A su corta edad le ha tocado preocuparse más por la comida que llevará a su casa que por disfrutar su juventud.

En los meses que estuvo en la región fue diagnosticado y medicado. Cuando volvió a Caracas no sentía malestar por la enfermedad; sin embargo, su pesadilla no había terminado. En su retorno a la capital, Guzmán volvió a presentar los síntomas que sufrió en la primera ocasión. Recayó por segunda vez.

 
Tratamiento a medias

Venezuela tiene las condiciones de temperatura y humedad precisas para que el parásito que produce la malaria, transmitido por la picada de un zancudo, prospere y viva por un lapso de tiempo mayor al habitual, explica Óscar Noya González, investigador del Instituto de Medicina Tropical y coordinador del Centro para Estudios sobre Malaria del Instituto de Altos Estudios en Salud “Doctor Arnoldo Gabaldón” de la UCV.

Noya destaca que existen cinco tipos de paludismo, de los cuales vivax, falciparum y malariae se hallan en el país.

“Un mismo mosquito puede llevar dos parásitos. Son casos excepcionales en los que una persona puede tener las tres especies. El tratamiento es distinto para cada uno. No se pueden tratar de forma similar. Vivax deja una semilla en el hígado y es el único que necesita primaquina, (un medicamento indispensable para tratarlo). En las otras especies solo es necesario destruir al parásito que vive dentro del organismo”.

Noya reveló, en una entrevista para El Nacional Web, que debido a la escasez de medicamentos hay pacientes que no pueden ser tratados.

“Llevo casi un mes que no recibo primaquina. Hemos agotado la asistencia de medicamentos. Hay dos centros en Caracas que cuentan con medicinas, la Zona 10 de malariología de El Cementerio y el Centro para Estudios sobre Malaria”, agregó preocupado.

 

Las medicinas distribuidas son insuficientes para la cantidad de casos, reportó el experto. El tratamiento debería durar 14 días, de lo contrario el paciente puede recaer y tener más de cinco episodios de malaria.

Mortalidad

Los afectados confiesan que hacen largas colas. Pasan hasta tres días continuos en las puertas de los centros médicos para ser atendidos. La desesperación ha llevado a los pacientes a consumir otras medicinas o líquidos para intentar aplacar el tormento de los dolores que causa la enfermedad, incluso creolina.

En Monagas, por ejemplo, hay personas desesperadas que vierten dos gotas de creolina en una cápsula, como las del omeprazol, para ingerirlas.

Nadie escapa de la crisis. Adultos, ancianos y niños son vulnerables ante la enfermedad, que puede volverse mortal si no se trata a tiempo. Los casos se vuelven complejos de acuerdo con el tipo de mosquito que pica a una persona.

Este año se conoció que el país presenta 48% de los casos de malaria en todo el continente. El gobierno, por su parte, ocultó los datos epidemiológicos y dejó de publicar la información desde hace tres años.

Cifras

José Félix Oletta, ex ministro de Sanidad, señaló que los casos de contagios pueden aumentar entre 510.000 y 550.000, impacto que, a su juicio, podría incrementar el número de muertes entre 320 y 350.

“Esta situación puede ser peor si la malaria se sigue diseminando en el resto del país. El problema puede ser muy grande porque no hay capacidad de diagnóstico”, sostuvo el ex ministro.

Tanto Noya como Oletta advierten acerca del riesgo de la falta de medicamentos antimaláricos para los enfermos, así como las insuficientes acciones por parte de las autoridades del sector salud para erradicar a los mosquitos que transmiten el mal.

Desde 2000 a 2016, Venezuela presentó los peores indicadores de desempeño de Malaria. Aumentó 709% el número de casos, 521% las muertes relacionadas con la epidemia y 540% la incidencia parasitaria anual (IPA).

Un grupo de especialistas y ex ministros, entre ellos Oletta, instaron a la Organización de Naciones Unidas, Organización Panamericana de Salud y la Agencia de los Estados Unidos para Ayuda Internacional a apoyar y tomar acciones urgentes destinadas a controlar esta epidemia.

Horacio Suárez Fernández, de 67 años de edad, viaja constantemente de Anzoátegui a Caracas para hallar el tratamiento, escaso en la entidad. En la misma situación están tres de los cinco integrantes de su familia. Desde que se contagió de paludismo vivax, comenzó su angustia

[blockquote“Debe haber un control de la gente que viene de Bolívar, el paludismo viene de ahí. Ojalá las autoridades no se queden en dar una pastilla, sino que vayan a la raíz”, expresó Suárez Fernández, quien esperaba recibir la segunda dosis del tratamiento que ponga fin a su enfermedad.[/blockquote]

El sistema de salud colapsó. Para combatir la malaria no se distribuyen mosquiteros, insecticidas ni se fumiga en los sectores endémicos. Mientras tanto, conseguir los suministros para el diagnóstico y tratamiento de la malaria es cada vez más difícil.

La Organización Mundial de la Salud reconoció en 1960 que Venezuela fue el primer país en el mundo en erradicar la malaria; sin embargo, el logro quedó en el pasado. Mientras tanto la incertidumbre abriga los hogares en los estados más afectados, los pacientes rezan para adquirir el tratamiento y los mineros siguen expuestos a contagiarse.