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La odisea de las personas con párkinson sin medicinas

“¿Si compro medicamentos cómo voy a comprar comida?”
11 Marzo, 2014
 
Abel López | ablopez@el-nacional.com

La señora Nancy Gómez, de 74 años, reza en la habitación de su apartamento para sobrellevar el calvario que vive día a día. Apenas habla y mastica. Ya no camina sin ayuda. La rigidez en su cuerpo aumentó drásticamente desde que dejó de tomar los medicamentos por la escasez. Está en extrema delgadez, los huesos se le marcan en todo su cuerpo. Tiene párkinson grado tres y así la mantiene la crisis humanitaria.

Junto con Nancy vive su hermano de 80 años, el señor Luis Gómez, y su nuera, Ana de Jesús Sánchez, de 68 años, quien padece de párkinson en grado dos: ambos parientes son sordomudos. Todos son adultos mayores y cuentan únicamente con el apoyo de Luisana Gómez, hija de Luis y Ana de Jesús.

Desde que a las damas se les terminó el tratamiento la enfermedad progresó aceleradamente, pues las medicinas que necesitan no se consiguen. Entre los fármacos escasos están: Sinemet, Madopar y Mirapex.

Luis Gómez, por su parte, sufre de escoliosis y artrosis, además de un problema en la rodilla que requiere operación, pero no lo han intervenido por los costos de la prótesis.

“No se consiguen los medicamentos. El de párkinson, que es el que más necesitamos, me ha costado muchísimo conseguirlo. La escasez comenzó en 2015. Tengo una hermana en Ecuador que a veces me los envía, pero hay que hacerle llegar los récipes e informes médicos para justificar la compra”, narró Luisana.
 
Entre la espada y la pared

Actualmente ninguno está en control médico. Se debaten entre visitar un consultorio o comprar comida, que está cada vez más cara y también escasea. El único ingreso en el hogar es del señor Luis, que está jubilado. Ninguno ha recibido ayuda del gobierno y tampoco reciben las bolsas distribuidas por los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP). Solo percibieron un “combo” en marzo de 2016 que contenía tres artículos, aseguró Luisana.

Luisana no trabaja. Se dedica a cuidar a sus tres hijos pequeños, vive en Los Valles del Tuy y no se ha mudado porque los niños no estudian en Caracas. Los tres ancianos permanecen solos la mayor parte del tiempo, aunque la joven trata de visitarlos continuamente. Les deja los alimentos preparados y su papá es quien sirve la comida y trata de salir a hacer las colas.

En el apartamento, El Nacional Web constató que los adultos mayores cuentan con pocos alimentos para todo el mes. La nevera y los estantes de la cocina lucen desolados.

Luisana confesó que ni siquiera puede garantizar las tres comidas de sus hijos: “Los dejo que duerman en la mañana bastante para tardar la comida. Si se pararon a las 9:00 am les doy el desayuno a las 11:00 am y el almuerzo a las 5:00 pm para no darles cena. Esto es muy difícil porque lo vivo y veo en los vecinos, los primos y los amigos. Yo era clase media y ahora me siento pobre”.

 
Crisis humanitaria

Los ojos de la señora Ana de Jesús Sánchez reflejan una profunda tristeza. Su rostro está surcado por las arrugas de la adversidad. Conversa con su esposo en señas en la sala del apartamento. Impera el silencio. Sus piernas y manos se tambalean de un lado a otro sin poder contener sus movimientos. Se siente triste y expresa que desconoce por qué está en esa situación.

“Mi mamá llora mucho por la situación, yo también me deprimo. La gente me dice que los lleve a un ancianato, pero a mí no me da el corazón para eso. Incluso mi hermana me ha dicho que mis padres no son mi responsabilidad (…) Es duro, llega el momento en que tú tienes que recompensarlos por todo lo que te han dado y no puedes por la situación”, dice Luisana entre lágrimas.

A esto se suma que la hermana de Luisana, en Ecuador, no cree en la crisis humanitaria por la que atraviesa el país: “Dice que es mentira, que aquí no pasa nada”.

“A veces me da miedo, me pregunto si al llegar los encontraré vivos o muertos”, agrega.

“El pueblo muere por la escasez”

La responsabilidad de Nancy Gómez era de la hermana de Luisana. Según explicó, la señora estaba en un geriátrico privado, pero salió de allí por la situación económica. En el recinto cancelaban 22.000 bolívares, pero aumentó a 135.000 bolívares en apenas cinco meses y no pudo ingresar en uno público. Luisana denunció que los venezolanos mueren cada vez más por la falta de medicinas y alimentos.

“Yo he visto niños de 2 y 3 años comiendo lo que queda de la cáscara del huevo en la basura. He visto cómo ancianos comen del suelo en el mercado de Coche. Les digo a los gobernantes que se pongan la mano en el corazón, que no piensen en ellos solamente, pues tienen una responsabilidad muy grande”, añadió Luisana.