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La incertidumbre marca la rutina de los pacientes trasplantados

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Winnifer Mijares

“La emergencia humanitaria en el país no puede esperar, la gente se está muriendo”, es la firme alerta que realiza Francisco Valencia, presidente de Coalición de Organizaciones por el Derecho a la Salud y la Vida (Codevida) debido a la falta de atención por parte del Estado al sector salud.

¿Los afectados? Alrededor de 4 millones de pacientes, según la cifra suministrada por Valencia, que no recibe medicamentos para las diferentes patologías: esclerosis múltiple, trasplantados, hipertensos, diabéticos, cardiópatas, con VIH, párkinson y cáncer.

Valencia recalca que debido a la falta de atención médica y la escasez de medicamentos, en los próximos meses habrá una Imprevisible cantidad de muertes. “No es de extrañarse que las embajadas comiencen a recibir peticiones de asilo por la situación humanitaria, no política”, advierte.

En la condición de personas trasplantadas como Ana García, tal predicción resulta ser su preocupación más grande, debido a que los afectados por esta condición temen perder el órgano que les fue donado. “Tengo más de un año con irregularidades en la entrega de medicamentos. Un mes dan las medicinas y otro no. Necesito de tres inmunosupresores para poder mantener el órgano”, dice.

La falta de medicinas deja su consecuencia. Para García, no recibir el tratamiento hace que la función renal disminuya, haciéndola propensa a perder el órgano, y como el resultado final tenga que dializarse, sin la seguridad de que dicho proceso se le realice por las fallas que existen en el suministro de insumos para las unidades de diálisis en los centros médicos.

“No sabemos hasta dónde vamos a llegar, solo Dios lo sabe, pero la crisis nos está acercando a la muerte y así la vida no tiene sentido”, expresa en medio de la aflicción.

Los días transcurren y marcan fecha en el ciclo de tratamiento que debe recibir Carlos Lovera, quien es trasplantado desde hace nueve años y teme porque culmine el año sin completar su medicación. “La situación es caótica para mí porque tengo hasta diciembre para el tratamiento. Mi vida está en riesgo”, revela con el mismo pesar de García.

La exigencia de los pacientes crónicos es que el gobierno acepte la apertura de un canal humanitario, un llamado de ayuda a la comunidad internacional se hace a viva voz y con mayor fuerza.

 

Para ella no ha sido fácil lidiar con el trasplante de riñón porque su papá trabaja como mototaxista y le toca mantener al resto de la familia. A veces le toca decidir entre comprar la leche para su hijo o buscar los medicamentos que necesita de por vida. “A veces recibo una caja de una fundación y con eso alimento a mi hijo, pero a veces nos toca comer puro arroz”, explicó.

El presidente de la Coalición de Organizaciones por el Derecho a la Salud y la Vida (Codevida), Francisco Valencia, indicó que en el Instituto Venezolano del Seguro Social (IVSS) existe una escasez absoluta de los medicamentos que necesitan las personas trasplantadas.

“Las personas que tienen un órgano que no es suyo viven rechazándolo por los anticuerpos que genera el organismo humano. Ellos toman unos medicamentos llamados inmunosupresores y en el país hay una ausencia absoluta de ellos”, comentó en una entrevista para El Nacional Web.

“El gobierno tiene que cumplir con el derecho a la salud establecido en la constitución”, es el exhorto que realiza Eduardo Fuentes, paciente renal. La garantía primordial consagrada en la carta magna no cumple con el llamado de “respeto a la vida” que mantienen como consigna todos los afectados.

El Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (IVSS) desde hace un año le ha suministrado los medicamentos de manera irregular a Fuentes, lo cual le ha generado ansiedad y malestares físicos producto de la misma ausencia de medicina y la angustia de no suministrarla.

“No hay, venga el mes que viene”, fue la respuesta que recibió cuando se disponía a buscar la medicina que necesita.

La soberbia del Estado parece no tener límites. Cientos de venezolanos mueren a diario para formar parte de una cifra que sigue sumando un número.

Daisy Briceño, presenta el mismo padecimiento. Trasplantada de riñón desde hace cinco años, sostiene con intranquilidad que la situación de salud pública en el país se tome como un juego.

“Somos pacientes muertos que caminamos. Nos urge que se manifiesten y tomen cartas en el asunto, necesitamos que la comunidad internacional nos escuche”, suplica.

Para mayor alarma, los pacientes también recurren a medidas que van en contra de las normas de salud. Briceño revela que, en ocasiones llega a tomar medicinas vencidas o de animales por no tener como contrarrestar los efectos de su condición.

“La salud no espera, es como un virus, hoy me toca a mí y mañana te puede tocar a ti”.