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La esperanza se pierde entre la escasez y falta de equipos médicos

Laboratorios sufren los estragos de la crisis
13 Noviembre, 2017
Hospital Clínico Universitario en decadencia
13 Noviembre, 2017
 
Adriana Fernández @adrianakfv | Fotografía: Juan Pablo Bellandi

A veces están bien, pero en ocasiones no tienen fuerzas ni para levantarse de la cama. Los días de las pacientes con cáncer de mama transcurren en función de la búsqueda de un tratamiento que parece no existir en Venezuela. Padecer la enfermedad en el país se ha convertido en un asunto vital: mujeres invierten tiempo y energía en “hacer una cacería de cupos” para tratar de conseguir quimioterapia y radioterapia.

En esa línea, la crisis humanitaria que atraviesa Venezuela ha provocado que el país retroceda exponencialmente en comparación con otras naciones. “Proyecciones realizadas por la Sociedad Anticancerosa de Venezuela (SAV) junto con la Universidad Simón Bolívar (USB) establecen que la mortalidad por cáncer ha aumentado 11% en Venezuela”, explicó el mastólogo Rafael Delgado, quien aseguró que cada vez es más común ver morir a pacientes que inicialmente tenían un buen pronóstico de vida.

Nancy Cardozo, sobreviviente de la enfermedad, fue diagnosticada con un cáncer hormonodependiente en 1999, época en la que los pacientes con cáncer podían encontrar los tratamientos que necesitaban. Este cambio radical de la realidad social venezolana Cardozo lo califica como una diferencia “del cielo a la tierra”.

 

“Nunca hubo razón para suspender el tratamiento porque algún equipo se dañara ni nada por el estilo. En cada momento yo llegaba a mi centro de administración con todos mis medicamentos”, recordó Cardozo mientras se lamentaba por la situación que viven miles de mujeres hoy en día por la ausencia de un tratamiento que les permita vencer la enfermedad.

Cardozo destacó la labor de varias mujeres que se unieron para recolectar medicamentos sobrantes de pacientes que no lograron superar la enfermedad, para luego donarlos a aquellas que lo necesitan.

“Se sienten como zamuros porque están esperando que alguna persona no haya podido sobrevivir para donarle esos medicamentos a otras pacientes. A esa situación estamos llegando: esperar a que alguien fallezca para que el medicamento pase a otra persona que lo necesita”, lamentó.

La experiencia que vivió Cardozo con su enfermedad la llevó a Senos Ayuda, una fundación sin fines de lucro que busca brindar apoyo a las mujeres con cáncer de mama. La organización, en la que Nancy se desempeña como gerente general, también promueve campañas informativas que orientan a la detección temprana de la enfermedad.
 

Durante el día, la fundación recibe numerosas llamadas en las que escuchan y orientan con atención a las pacientes, pero cuando preguntan por alguna medicina, siempre dan la misma respuesta: “No hay”.

Senos Ayuda ofrece charlas a mujeres que padecen la enfermedad; les explican que el cáncer puede ser curado si se detecta a tiempo. Sin embargo, esta afirmación llena de impotencia a sus trabajadores, porque son conscientes de las penurias que deben pasar las pacientes para conseguir el tratamiento adecuado de acuerdo al diagnóstico.

“Dices: ‘bueno, yo le doy un mensaje, pero a la vez cómo hago para ayudarla cuando vienen y el medicamento no lo tenemos’. Existe mucha solidaridad por parte del venezolano en el exterior, pero en el caso oncológico, la ayuda es difícil porque las regulaciones de los países impiden que tú puedas adquirir medicamentos oncológicos en cantidades y traerlos a Venezuela, eso solo lo puede hacer el Estado”, expresó Cardozo.

Además, la fundación cuenta con un programa que permite facilitar autorizaciones para que las mujeres se realicen exámenes médicos en centros de salud a precios solidarios.

Una de las pacientes que asiste a la fundación es Mireya Gómez, maestra jubilada de 78 años que fue diagnosticada a finales del 2016. Viajó a Caracas desde Cumaná junto a su hija, Milagros Otero, por no conseguir en el estado Sucre el tratamiento que requerían para curar el cáncer. La esperanza de acceder a las medicinas desapareció cuando preguntaron en la primera farmacia. La desesperación las llevó a recurrir a la medicina alternativa para aliviar los dolores.

Gómez tuvo que asistir de emergencia a un Centro de Diagnóstico Integral (CDI), cuenta su hija, luego de que en dos clínicas privadas le negaran la ayuda del seguro del Ministerio de Educación debido a que el organismo no estaba solvente.
“Uno tiene que ir de un sitio a otro para ver dónde la atienden. Ni siquiera en las farmacias hay desinflamatorios”, criticó la hija de Gómez al tiempo que manifestaba su preocupación por la mala alimentación de su madre, quien debe llevar una dieta adecuada para mantener fuerte su sistema inmunológico.
 

“Mi mamá es maestra jubilada y yo soy profesora jubilada. Lo que uno gana alcanza para medio comer. No estamos comiendo bien, luchamos día a día para buscar la comida y mucho más difícil ha sido encontrar medicinas”, aseguró Otero.

Un camino sin atajos

La escasez de medicamentos ha provocado que las pacientes opten por buscar medicina alternativa como una medida desesperada para atacar la enfermedad. Lejos de encontrar la solución al problema, acaban por empeorar su situación.

El especialista Rafael Delgado asegura que no existe medicina alternativa para el tratamiento del cáncer de mama; cada tipo de paciente requiere una terapia especial con ayuda del oncólogo quirúrgico para la cirugía.

“No hay quimioterapia y no existe un servicio de radioterapia adecuado en muchos de los hospitales oncológicos. En cirugía tampoco hay insumos: no hay drenajes, no hay suturas y a veces los pacientes caen en listas que son muy numerosas”, explicó el mastólogo.

La situación es más complicada en el interior del país, donde a pesar de tener menos población que en la capital, los recursos médicos también se reducen. En los estados fronterizos ciudadanos tienen la opción de conseguir los insumos pasando a los países vecinos, aunque a precios más elevados.

“No hay una institución en Venezuela, ni siquiera privada, que garantice un tratamiento completo sin tener que comprar drogas en el exterior o hacer colas en farmacias oncológicas”, aseguró el doctor.

La preocupación por conseguir los medicamentos y lograr completar el tratamiento que requieren para sobrevivir se suma al golpe emocional que significa tener la enfermedad. Desde un inicio muchas pacientes son conscientes de las consecuencias fatales de no recibir el tratamiento en el tiempo adecuado.

Un país sin especialistas y sin equipos médicos

La situación en Venezuela ha ocasionado que especialistas en el área oncológica abandonen el país, ausencia que es fuertemente percibida por los pacientes a la hora de buscar quien atienda su enfermedad. Todo esto ha contribuido a la desmejora de la calidad del servicio médico.

“En nuestro país no hay mamógrafos de calidad en el sector público. Por lo general los mamógrafos están en el sector privado, y el costo de los exámenes es elevado”, aseguró la gerente general de Senos Ayuda.

Por otro lado, el servicio de radioterapias en el país presenta un déficit que le impide a miles de mujeres realizar su tratamiento. Los principales centros oncológicos no cuentan con la maquinaria, puesto que casi la mitad de los equipos están dañados y los pocos que funcionan son obsoletos.

En Caracas solo dos hospitales del sector público cuentan con servicio de radioterapia: uno es el Oncológico Padre Machado y otro el Luis Razetti, informó Nancy Cardozo.

Detectar para tratar, una realidad que se volvió utopía

Los tiempos en los que las pacientes con cáncer de mama veían una posibilidad de cura para la enfermedad quedaron atrás. La crisis humanitaria ha acabado con la esperanza de miles de mujeres que son diagnosticadas, logrando así que vean como una utopía el hallazgo de un tratamiento adecuado para salvar sus vidas.

5.900 venezolanas son diagnosticadas al año, según la Sociedad Anticancerosa de Venezuela (SAV), cifra que supera con creces las capacidades de atención por parte del sector de la salud, cuyos insumos básicos desaparecieron.

La situación empeora cada día, lo que ha sumido a las pacientes en la desesperación de estar en un país incapaz de brindarle lo necesario para superar una enfermedad que no espera.