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“Entré a una mina donde el paludismo estaba brotado”

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L a crisis económica de Venezuela llevó a César Guzmán, un joven de 20 años de edad, a buscar ingresos extras para tratar de disminuir el golpe a su bolsillo, sin imaginar que le tocaría vivir el efecto del paludismo. “Tuve que viajar a Bolívar para conseguir dinero. He conseguido trabajo aquí en Caracas, pero me alcanza solo para comer”, dijo el paciente en medio del malestar generado por la enfermedad.

Guzmán no era el único afectado: su esposa y dos hijos padecían las consecuencias económicas. No encontraban la forma de cubrir sus principales necesidades: la comida y la salud no podían ser costeadas. El joven desconocía sobre la enfermedad que comenzaba a tomar control en varias localidades de Bolívar y otros estados como Anzoátegui, Sucre, Monagas y Vargas.

“Mi esposa no trabaja. Vivimos alquilados y es difícil pagar cada mes. Mis hijos no estudian; no puedo con el gasto escolar. Había escuchado acerca del trabajo de la minería. Decían que en las casas de compra de oro pagaban por unos gramos. Cuando viajé para allá había escuchado algo de la malaria, pero nunca pensé que iba a ser diagnosticado. Entré a una mina donde el paludismo estaba brotado”, comentó sobre su viaje a El Callao.

 

Luego de llegar y conocer cómo se manejaba la extracción de oro, Guzmán se propuso concentrarse y dedicarse a la labor, sin dejar de tener presente en todo momento la imagen de su familia. Explicó que al levantarse y al acostarse no dejaba sus pensamientos reflexivos. En ocasiones se cuestionaba si lo que hacía era lo correcto. Conocía el peligro y la fama de esta actividad, la cual ha arrojado hechos violentos entre bandas delictivas que acechan a los pobladores y trabajadores.

“Por las noches se me hacía difícil conciliar el sueño, no dejaba de pensar en qué haría si se presentaba un enfrentamiento en el territorio o si me llegaran a hacer algo a mí”, confesó.

Al mes y medio de encontrarse en la entidad, su cuerpo le enviaba signos de alerta. Intuyó que debía chequearse medicamente para poder saber cuál era su padecimiento.

Aquel hecho que había ignorado al principio se hizo realidad: los pozos en los que cavaba eran los criadores perfectos para que el mosquito transmisor se reprodujera. “Comencé a sentirme cansado, no duraba ni medio día trabajando. Las nauseas y escalofríos no paraban. Me daba fiebre a cierta hora y después se me pasaba”, narró.


“Fui a un centro médico y me diagnosticaron paludismo falciparum. A los tres días me dieron el medicamento. Recibí la medicina tarde porque iba mucha gente. Podía pasar un día entero esperando ser atendido”, explicó en medio de un gesto de molestia. “Estuve una semana en tratamiento. Los malestares comenzaron a aplacarse y ya me sentía preparado para trabajar con más ganas”, agregó.
 

Guzmán se recuperó y continuó su labor por 30 días más hasta que regresó a Caracas, asegurando que no presentaba ningún tipo de malestar.

La alegría de volver a ver a su familia le hizo dejar por instantes la intención de volver a El Callao. No fue mucho el tiempo que transcurrió de su retorno a la capital, cuando volvió a presentar los mismos síntomas que lo aquejaron en la primera ocasión.

“Cada vez que me levantaba tenía fiebre. Me daba casi a la misma hora, me sentía cansado. Tomaba acetaminofén y me calmaba el malestar, pero no podía hacer casi nada. A veces pasaba todo un día acostado porque no aguantaba el dolor. Ahora tengo paludismo falciparum por segunda vez”, detalló.

El investigador del Instituto de Medicina Tropical y coordinador para Estudios sobre Malaria del Instituto de Altos Estudios en Salud de la UCV, Óscar Noya, explicó que una persona puede recaer y presentar varios episodios de malaria debido a la falta de medicamentos. 14 días de tratamiento es el tiempo estipulado para controlar la enfermedad.

César Guzmán había sido medicado solo por siete días en un centro médico de Bolívar. Luego de sortear en varias instituciones de salud de la capital, halló el lugar para tratar su enfermedad.

Consciente de que puede recaer en el paludismo, hace todo lo que se encuentre a su alcance para prevenir que a él, a su esposa y sus hijos les toque la desdicha de formar parte de las cifras alarmantes de casos de malaria o, peor aún, de un número que incrementaría la tasa de mortalidad.

 

Guzmán prevé que, al cumplir con el tiempo necesario de su tratamiento, pase unas semanas más en su hogar para recompensar el tiempo de ausencia antes de viajar nuevamente a El Callao.

"Tengo intenciones de volver para buscar oro, espero recuperarme bien. Tomaré las previsiones esta vez, pero no puedo dejar de trabajar”, puntualizó.